jueves, 31 de enero de 2019

Carrera Descalzo: “SB Marató de Tarragona”. 30 kilómetros y 245 metros de desnivel positivo.









“Dando caza a lo impensable de una manera impensable”


Hoy ha sido uno de esos días qué no sabes si es mejor olvidarlo o, por el contrario, guardarlos bien en el inconsciente, puesto que a sabiendas que lo difícil, lo duro y el lidiar con el sufrimiento, curte.


Hoy he sudado ríos de tinta, casi de sangre y casi de lágrimas. Hoy, por primera vez que practico el descalcismo, y el deporte en general, debo mentar, alto y claro, que no he disfrutado para nada la carrera. A continuación os explico el porqué…


Hoy tenía un buen reto que afrontar. En teoría, debía de ser un “Gran Reto”, ya que 30 kilómetros descalzo, comienza a ser algo importante, y en especial para mí, ya que apenas he corrido un par de medias maratones y “me tiré a la piscina” a por los 30 🙃


Semanas atrás, sabía de antemano, que no estaba preparado físicamente para la distancia. Físicamente me refiero a los pies, ya que descalzo, cambia el apoyo del pie y con ello se cambia, asimismo, los grupos musculares, tendinosos y nerviosos tanto de los pies como del resto de las piernas. Y yo, cómo que no soy descalcista puro, pues voy alternando zapatillas con el descalcismo, os digo, para los que no lo sepan, que aunque sean zapatillas minimalistas las que uso de apenas una suela de 5 milímetros y drop 0, totalmente planas, se nota, y bastante, sobretodo a la hora de incrementar distancias.


Pues eso, que para quitarme las dudas si realmente me veía capacitado para correr esos 30K, justo una semanita antes realicé una tirada larga, descalzo, por asfalto, de 28 kilómetros y casi 500 metros de desnivel positivo 😳 Y para mi sorpresa, debo decir que las sensaciones fueron fantásticas 💪 Tan fantásticas, que incluso ya estuve ojeando la maratón d’Empúries para de aquí a unos cuántos meses. Vamos, qué los 30 kilómetros de Tarragona los veía ya hechos, incluso antes de correrlos.


El sábado, el día antes de la carrera, me produjo un gratísimo placer reencontrándome con mis amigos descalcistas de Barcelona, en persona, en la recogida de dorsales. Allí estaban Antonio Fontiveros, Jesus Angel, José Luis Díaz Flores o Human Running. ¡Je,je je! No me hacen sentir como “bicho raro”. Además, esto del descalcismo, te hace conectar de una manera natural e instantánea y espontánea con tus semejantes en un “plis-plas”. Te aborda esa sensación de que los conoces como de toda la vida 🤗


Hablamos de esto, hablamos de lo otro y de lo otro aquello también… Y, por supuesto, de mucha técnica de carrera. ¡Jolín! Y cuánto sabe de tecnicidades sobre el atletismo Human Running 👨🎓👨🏫 Me volví al pueblo con la moral bien alta para afrontar al día siguiente ese nuevo reto.


De buena mañana, como supongo que también os pasará a algunos de vosotros cuándo sabe que tiene una tarea importante que hacer, me levanté de la cama antes de que me sonara el despertador


Hice lo habitual: desayunar bien, ultimar la bolsa de deporte con las ropas, comida, bebida y enseres que llevarme para la carrera y tal y pascual 😉 Si bien, ahora que lo pienso, las sensaciones que tenía mientras conducía a los largo de esos 43 kilómetros que me separaban de la “Anella Mediterrànea” de Campclar, la salida del maratón y demás carreras, era un tanto extrañas, un tanto contradictorias, puesto que no sentía el “clásico y común” nerviosismo a la hora de prepararme para el objetivo 🤔 ¡Uhm! No sentía dudas. No sentía confort. Y tampoco diría que sentía desacato por el reto, pero, tampoco diría que le tenía cierto respeto. Era tal cosa como ir allí y hacer la carrera y vuelta para casa, sin más. Lo contradictorio era que, me sentía tan seguro como temeroso, ya que el jueves antes, mi osteópata, después de crujirme una vértebra de la espalda, de hincarme sus dedos firmemente en las plantas de los pies y de casi acabar conmigo clavándome sus dedos en los músculos maseteros, los de la mandíbula, para el intento de reequilibrarme esqueléticamente hablando👨⚕️me aconseja vivazmente el no realizar los 30K, puesto que detectó en mi 5º metatarsiano de mi pie izquierdo cierta fragilidad y debilidad en la zona 😱 “Yo que tú haría la de 5 o 10K y suave para ver cómo evolucionan esos dolores. Y, si al final haces la de 30K, si al día siguiente sientes dolores en el pie, vete “escopeteao” para el médico a que te hagan una radiografía para ver si existe fractura” 😭 ¡Joer! Pues debo decir que un tanto confuso sí que estaba. Sin embargo, ya le comuniqué que esos dolorcillos hace un tiempecito que los tengo, pero, que una vez arranco a correr, se me coloca todo en su sitio y se me pasa todo 😁


Arribo a la “Anella Mediterrànea” una hora y cuarto antes del comienzo del evento. Veo ya movimientos de gentes; voluntarios, organizadores, que están montando y organizando sus cosas por la entrada del recinto. Encuentro aparcamiento fácilmente. Se ve espacio de sobras. Me bajo del coche. Abro el maletero. Cojo la bolsa de deporte y, al cerrarlo, la zona de batería ya está repleta de coches. ¡Phew! Qué bien va madrugar😊


Me voy derechito al pabellón. Me pido un café solo mientras espero a, además de José Luis, de Antonio y de Jesús Ángel, a encontrarme con Alberto Barefoot Bdn y con Joseph Natural Runner, que creo que viene de Castellón para correr la maratón con huaraches 💪 Nos saludamos y comenzamos a intercambiar impresiones. Tengo un ojo pegado a mis amigos y el otro lo tengo pegado a la barra, vigilante 🕵️‍♂️ ya que veo que la señora a quién le he pedido el café hace ya unos 5 minutos, por lo menos, está repartiendo vasitos a lo largo y ancho de la barra, y parece que se ha olvidado de mí 😠


Me hace gracia estos "Descalcistas", jajajaja, puesto que empezamos con nuestros achaques, a mi me duele aquí, a mí allá, iré controlando a ver qué tal van los dolores, pero, dan el pistoletazo de salida, y, salen todos “cagando leches”, jajajaja 🏃‍♂️💨💨💨


Yo me empiezo a impacientar. Miro el reloj, ya que tengo que vestirme y necesito mi tiempo para ponerme mis “cachivaches”, y eso, que he reducido el peso de mi “súper bolsa de deporte” hasta la mitad por lo menos. ¡Yuju. Viva el minimalismo! 😅


Tenemos que hacer la foto con la camiseta solidaria del “Síndrome de Kabuki”, una enfermedad rara adónde las haya, menos de 400 casos detectados en todo el mundo. El síndrome de Kabuki es una enfermedad caracterizada por anomalías congénitas múltiples como rasgos faciales típicos, anomalías esqueléticas, discapacidad intelectual entre leve y moderada y déficit de crecimiento postnatal. Y José Luis es el artífice y promotor de dicha lucha para dar visión y notoriedad a dicha causa. Nara, su hija de 10 años, padece tan extraña enfermedad, y, claro que hay que hacer ruido, para que se den cuenta los políticos que en realidad la sociedad está compuesta por ciudadanos de primera, de segunda, de tercera clase, y, lamentablemente, luego además están los que no se ven, los que son casi invisibles. Hay que luchar por una sociedad más justa. “¿Es técnica la camiseta?” Le pregunto a Human Running. Me contesta que sí, y decido correr con ella. Este tipo de apoyos no me pesan en absoluto 🙂


Después tengo que hacerme la foto con mi club C.E. Trail Tarraco, a las 8:45 en la entrada del recinto. Y antes, también, tengo que dejar en el guardarropas la bolsa de deporte.


Y a todo eso, ¡coño! veo que la señora de la barra está a punto de servirle cortados a nuestro amigo Antonio, habiendo llegado mucho más tarde que yo 😡 “A ver señora, ¿esto qué es?” Le inquiero refunfuñando ligeramente. Me responde que es un cortado. Pero sé que no es un cortado porque todavía no lleva leche. “¿Lleva leche?” Le repregunto para confirmarlo. “Pues entonces esto es un café. Qué llevo 1 hora esperando, señora” Le digo al final dejándole el €urillo encima de la barra 😤


Y mientras esperamos a éste y al otro para estar todos juntos, finalmente nos hacemos la foto solidaria para dar soporte al 'Síndrome de Kabuki' ❤💕


Son las 8:40 y la salida es a las 9:00 horas. Me voy “flechao” hacia el guardarropas 🏃‍♂️ Desde la distancia no lo encuentro. Me dispongo a cruzar dos enormes y largas filas. ¡Coñis! “¿Esta cola para qué es?” Pregunto a un muchacho que me deja pasar pensando que iba a cruzar una de las interminables filas de gentes. Y me contesta que es una de las filas del guardarropas 😱 ¡Joder! Pues son las 8:43 y si espero no llego para la foto del club que es a las 8:45.


Salgo del pabellón con la bolsa dispuesto a dejarla en el maletero del coche, ya que pesa poco y no está el coche aparcado tan lejos. Justo salgo del pabellón y me topo con dos de los integrantes del C.E. Trail Tarraco. 🐺 “¡Lobos!” Les grito. Es la palabra insignia e imagen del club, puesto un lobo feroz está dibujado en las vestimentas. Se dan media vuelta. Pero ni yo a ellos ni ellos a mi creo que me reconocen. Es un club grande y yo hace “dos días” que he ingresado. Pregunto y estrecho la mano de uno. ¡Jolines! Vaya memoria la mía, que ya ni me acuerdo de su nombre. Ahora investigando un pelín, creo qué se trata de Jose Maria Lopez Villada. Luego pregunto el nombre y alargo mi mano para estrechar la mano del otro, y me dice que me conoce, de haber coincidido los martes en el faro para hacer los entrenamientos de técnica y velocidad 😳


¡Jó! Cuando tenía 20 años ya empecé a ser consciente de que la noche te cambiaba. Pero, veinte pico largos años después, sin alcohol ni nada de esto ni nada de nada de aquello, pues acabo de descubrir que la noche sigue cambiando 😂 Ahora deberá ser cosa solamente de la luz artificial y de la pérdida de visión gradual a la que estamos sometidos con el paso del tiempo, porque debo decir que su cara no me sonaba 🙄


Llegamos al punto de encuentro y allí espera una pequeña “manada de lobos” 🐺🐺🐺 La “Gran Manada” está celebrando el aniversario del club en Horta de Sant Joan, en la Terra Alta, provincia de Tarragona. Y debo decir que me sigue chocando que socialmente la gente te mire “raro y recelosamente” al verte diferente, inclusive, perteneciendo a un mismo grupo. Claro está, en este caso, por no llevar zapatillas. Y ya no lo digo a nivel de club, lo digo hasta a nivel familiar, que ya no creo que haya cosa más cercana o pegada a tu sangre. Y es que a día de hoy, tampoco, nadie en la familia, se me ha acercado a preguntarme el por qué corro descalzo 😶 Y digo yo: es que la gente no es curiosa, y, en vez de mirarte “raro” no es capaz de acercarse y preguntarte: ¿el por qué corres descalzo? Por la contra, se echan para atrás y se quedan haciendo prejuicios, juicios y seguidamente te pegan un adhesivo y te colocan en una estantería social a la que deberías pertenecer. ¡Uhm! Manda huevos, ¿eh? 😕


Finalmente le pido prestado el cortavientos a Jose Maria Lopez Villada, pues todavía no tengo equipación del club, para la foto 📸 Justo antes de apretar el gatillo aparece otra chica que dice ser del club. Nadie la reconoce y asimismo se le es prestada otro paravientos. Tras el menester colectivo, José María me inquiere sobre la distancia que voy a emprender. “La intención es hacer los 30K. A ver si los acabo…” Le replico con media sonrisa en mi boca. “¿A cuánto irás?” Me vuelve a inquirir. “A 6 min/km” Le contesto arqueando ligeramente las cejas. No me dice nada más. Le devuelvo el cortavientos y nos deseamos suerte.


Solo hago que cruzar la calle para dejar la bolsa de deporte. Cierro la puerta del maletero y veo a Jesus Angel y a Human Running calentando. ¡Ondia! Pues apenas quedan poco más de 5 minutillos para comenzar y no he calentado. Y la verdad es que no me preocupa, puesto que mi velocidad de crucero no es exigente, son unos 6 minutos por kilómetro, eso es más bien lento, por ende, no creo que me lesione a esas velocidades 😅
Pues hala, “cada mochuelo a su olivo”🦉 y yo que me acerco hacia el “gallinero” del arco de salida, hacia la parte de atrás del todo, ora trotando, ora parando y revisando al mismo tiempo la mochila de “trail” para asegurarme qué lleve todo en su sitio. Las huaraches. El móvil. Llaves del coche. La manguerita del agua parece que se atasca un poco. La vuelvo a revisar. A continuación compruebo contar con mis geles, barritas y sales. Y, ya por último, los mejunjes caseros de isotónico que me ideo. Todo OK 👌


Atrás del pelotón de corredores, hago unos pequeños estiramientos de cuádriceps, gemelos y poco más. Me pego a las libres de las 4 horas del maratón. ¡Uhm! Ya no me acuerdo del ritmo de las 4 horas. “Son 5:40 min/km” Responde a mi pregunta un “runner” que estaba cerca de ellos.


¡Eh! Se me pasa por la cabeza de seguirlos. Si bien desisto al momento, ya que mi idea son los 6 minutillos por kilómetro y, por encima de todo, lo que deseo es acabar la carrera.


Se escucha el petardo de salida. Parece que hay bastante menos gente de la media maratón que se celebra en noviembre, porque de seguida nos pusimos en marcha y con espacios suficientes para adelantar a corredores en caso de necesidad y sin tener que ir zigzagueando.


Me coloco por delante de las libres de las 4 horas 🐇 ya que salen bastante despacio. Bueno, si ese es el ritmo que llevarán, entonces sí que las sigo, me digo 😃 Salimos del recinto de la “Anella Mediterrànea”, giramos en la rotonda y los “pacemakers” de las 4 horas del maratón ya se colocan a ritmos de 5:40 min/km. Me coloco justo detrás de ellos. ¡Cachis! No, sin duda alguna, ese no será mi ritmo de crucero. Y veo cómo se va alejando el estandarte que marca las 4:00 horas progresivamente 👋


A unos escasos 300 metros, volvemos a hacer otro giro de derechas y bajamos ya por la calle Riu Segre. ¡Vaya! Hace poquito que hemos empezado, no obstante, no consigo sentir los pies ni texturas ni las sensaciones del suelo. Era como si los radares de las plantas de los pies los tuviera en “Off” 🤨 Así que decido incrementar cadencia, alargar zancada y, ya por último, me subo a la acera y corro por la mitad de la rambla, en dónde siento un sutil cambio de textura por las baldosas finas, pero poco más 🤔


Correría durante unos 250 metros y decido volver de nuevo al asfalto, y, de la misma manera apenas noto cambios y nuevas sensaciones en los pies. Parece que sigo un ritmo constante pero sin adaptarme a las superficies que tengo bajo las plantas 🙄


Se acaba la larga bajada de la calle Riu Segre y empalmamos con planicie de la carretera Nacional-340. Ahí noto ligeramente la rugosidad del asfalto, sin embargo, me percato, que tampoco estoy recibiendo información del resto del cuerpo. Mis sensaciones corporales eran casi nulas 😰 Era prácticamente como correr ciego de pies y de cuerpo 😭 Sé que no voy ni demasiado deprisa ni demasiado rápido porque me lo dice el reloj. No obstante voy sin sensación alguna, y parece que voy obturado tanto de mente como de físico😱 ¡Por dios! Estoy a punto de pararme. Miro el reloj y apenas llevo recorridos poco más de 2 kilómetros. No sé si detenerme. Me hago un auto escaneo del cuerpo y me siento, sin duda ninguna, insensible 😖


Parezco un robot correteando 🤖 Y me quedan 28 kilómetros por delante. ¡Joder, joder, joder…No sé qué hacer…! 🤦‍♂


La temperatura ambiente no es fría para nada, estaríamos rondando los 12 o 14 grados. Eso, corriendo, te permite entrar en calor de seguida. Soplaba ligero viento, si bien tampoco era frío. Finalmente decido seguir un pelín más, a ver si realmente es cuestión de mi cuerpo que sigue estando frío, frío, frío...


A sabiendas del tipo de terreno que me espera, puesto que el circuito es muy parecido al de la media maratón de noviembre, sigo “palante” a ver qué ocurre. Y medio, por no decir tres cuartos de hipnotizado, llego a la plaza Imperial Tarraco. ¡Auch! Cómo pincha el asfalto 😢 Está fatal ese trocito que nunca había hecho descalzo. Y encaro la Rambla Nova que, sorprendentemente, hasta la altura de la calle Ramón y Cajal, y que tampoco había corrido descalzo por ahí, resultó ser bueno para los pies 😊


El resto de recorrido hasta llegar al muelle de Llevant, la parte del faro, que es una auténtica alfombra para los pies, lo tenía ya “controlado”👍 Fui mirando fugazmente los avisos del reloj. Sabía que iba por encima de los 6 minutos por kilómetro, pero, me importaba un pepino, ya que seguía sin sentir demasiado mis sensaciones corporales. Tan sólo prestaba atención a los avisos de comer y beber. Así, pues, iba, literalmente, con el piloto automático puesto, ya que por entonces, al tener el cuerpo caliente, la cabeza solamente le decía a mis pies, piernas y brazos que se moviesen. Aparte, claro está, de ir mirando la superficie del suelo para evitar percances 😑


Bajando hacia la playa del Miracle adelanto a unos cuantos corredores. Y justo en el parquin de la playa tuve que parar forzosamente a orinar, larga y extendidamente 😶 ¡Ups! Eso me dice, qué mi cuerpo no está reaccionando tal cual ante el frío u ante una carrera normal. Pues conociéndome, sé que el frio me provoca todo lo contrario: sí, orinar, si bien rápida y cortamente 🤔 Ese gesto biológico 🚾 lo tuve que realizar durante cuatro veces a lo largo de toda la carrera.


Me planto en Moll de Llevant, en el Faro💡cómo se le conoce popularmente. Allí se empieza a notar ya cierta intensidad en el viento, ya que toca de lleno en el espigón marítimo 🌊 La entrada al muelle parece que toca el viento de costado, pero sin problemas. “Vamos, vamos! Les vocifero a Jesus Angel y a Alberto Barefoot Bdn que vienen de vuelta y van juntos charlando. Ellos me devuelven el saludo y sigo mirando a las liebres con sus respectivos estandartes que me cruzo al otro lado; 3:30 horas, 3:45 horas y 4:00 horas, si bien a Human Running y a Antonio Fontiveros nos les vi el pelo. Debían de haber pasado antes 🏃‍♂️💨💨💨


Llego al giro de 180 grados. Allí me tengo que abrir un poco para realizar el giro a causa del empuje del viento. “¡Hostia, hostia, qué derrapas!” Me dice un señor que estaba en el paso de control de chip y de giro. “Me faltan neumáticos” Le digo yo mirándole de reojo 😅


¡Y vaya! La vuelta por el muelle, ya se empieza a notar la fuerza del viento en contra. No es harta dificultosa, sin embargo, te ralentiza y hace centrarte en la técnica y encogerte un poco, en ese acto reflejo inconsciente o, tal vez, muy consciente, de hacerte más pequeño y así salvar parte del rozamiento del viento.


Saliendo ya del faro veo a un corredor, de una cierta edad, parado a unos escasos metros de un par de conos que han sido derribados por el efecto del viento 🚧 “¿Es pallá?” Me pregunta indicándome con su dedo índice derecho hacia el paseo marítimo de Rafael Casanova, o sea, hacia la playa del Miracle por dónde habíamos venido. ¡Recórcholis! Me hace dudar unos segundos. Sin parar de correr giro la cabeza hacia el lado opuesto, a la parte del Serrallo. Y sí, allí veo más conos, en pie, que marca el recorrido a seguir, por dónde era lo previsto. Le aviso al corredor y me da las gracias y me despido de él levantándole el pulgar derecho 👍


En la zona del puerto pesquero del Serrallo conseguí adelantar a dos o tres corredores más. Sé que voy de los últimos, puesto que en el faro vi a la “moto-escoba”🏍 y a la supuesta última corredora durante el trayecto de regreso por el espigón. Y me importa un bledo la posición, a decir verdad, ya que claramente mi objetivo era acabar la carrera 😏


Y sigo con mi ritmo “Robocop” 🤖 En la calle Vidal i Barraquer echo mano de un gel. Me lo tomo. Voy a echar un trago de agua y ¡coña! apenas me sale agua por el tubito. Me gusta ir autosuficiente, en especial, por utilizar mis pócimas isotónicas caseras. Pero, ¡no problem! hay avituallamientos a lo largo de todo el recorrido. No hay que preocuparse de nada 😊


Empiezo a subir la ligera pendiente de la calle Enric d’Ossó, y, ¡Tela Marinera! Qué mal encontré ese tramo 😱 y eso qué ya lo hice en la media maratón de noviembre, pero ese trozo fue casi insoportable ésta vez. Ahí me adelantaron varios corredores a los que ya había sobrepasado. ¡Sin problemas! Yo a lo mío 😉


Además me quedaba otro tramo bien malo, el de la rambla del president Lluís Companys, la zona de El Corte Inglés. En cambio, inesperadamente, ésta vez lo encontré bastante apacible para mis plantas el tan mal esperado asfalto. ¡Cáspita! Cómo cambia la película de una carrera a otra, ¿eh? 🙄


Encaro la larga recta de la avenida de Roma, la vuelta hacia la “Anella Mediterrànea”, y ya empiezo a buscar líneas blancas y el asfalto brillante y pulido. Ahí ya comencé a sentir los pies y piernas cargadas.


A media avenida, apenas vislumbro a un corredor que viene, también, por el centro de la carretera, en dirección contraria, y descubro que me está mirando y, además, qué me está sonriendo. ¡Ondia! Pero si es José Luis 😄 qué ya está bien adentro en su segunda vuelta de la maratón. “¡Vamos, vamos José Luis. Dale, dale…!” Le animo a voz en cuello. Qué “mákina” 💪


Y yo, a lo mío. A lo “Robocop in Action” 🤗 Justo conecto con la Nacional 340. “¡Vamos lobo!” Le animo a Jose Maria Lopez Villada, quién me prestó el cortavientos del club C.E. Trail Tarraco, justamente cruzarme con él en su segunda vuelta de los 30K. Y él, me devuelve el saludo simpáticamente 😊


Algo más tarde, detecto a Antonio Fontiveros, que viene ya en la segunda vuelta de los 30K. Voy a preguntarle qué cómo iba, pero justo antes de formularle la pregunta, veo en su rostro una enorme sonrisa de oreja a oreja. “Me quedan 6 kilómetros” Me responde vigorosa y enérgica y felizmente. Sin duda, iba en una completa 'ciclogénesis explosiva' de júbilo, de regocijo y de éxtasi. No hace falta decir que Antonio se lo estaba pasando en grande 😁


Un par de kilómetros después me cruzo con Jesus Angel, de la misma manera, en la segunda vuelta de los 30K, también en la N-340. “¡Venga Jesús. Dale!” Jesús Ángel me contestó algo, que no recuerdo, o no entendí bien, mostrándome solamente un cuarto de sonrisa en su rostro. Y creo que los otros tres cuartos de sonrisa los llevaba en el interior de su cuerpo, pues lo vi firme en su zancada, cómo una verdadera apisonadora, cómo una eficaz locomotora 🚅 que ya no se podía parar 💪


Y justo cruzarme con él, intentaba extraer las sales y una barrita energética. ¡Paf! Tengo que parar y darme la media vuelta y agacharme porque se me ha caído el sobrecito de sales al suelo. “¡Vaya. Qué se me caen las anfetaminas!” Digo en voz alta mientras recojo las sales 😅 Otros corredores que iban cerca de Jesus Angel, me dispararon una mirada intrigante y desconcertante a la vez, supongo mientras veían a un corredor descalzo agachándose y diciendo que estaba perdiendo sus anfetaminas 😂


Unos minutos después me cruzo con Alberto Barefoot Bdn. “¡Venga José Ángel!” Se me adelanta él en los ánimos. “¡Vamos Alberto!” Le contesto. Alberto iba saltarín y enérgico como siempre le caracteriza 😃


Yo ya encaro la larga subidita que me devuelve a la “Anella Mediterrànea”. Me lo tomo con más calma si cabe. Entre algunos ánimos incondicionales y algunos pichazos de “chinarros asesinos” me planto arriba. Giro a la izquierda del paseo, llega lo plano, y, a medida de que me voy acercando al giro de la segunda vuelta, me empiezo a preguntar cómo voy 🤔 Son 10 kilómetros más. La verdad sea dicha, es que apenas siento y apenas pienso. Y la respuesta de mi “Modo Robocop” es simple y plana: voy. Así que decido seguir con la segunda vuelta 😶


Justo antes de realizar el giro en la rotonda veo a personas que me van animando, en especial, dos chicas qué, muy efervescentemente, no paran de mirarme, de aplaudirme y de gritarme. Pero me llamaban Jordis. ¡Uhm! Yo no me llamo Jordi. Además, me fijé que en el dorsal tampoco estaba escrito el nombre. Y, menos, me llamo Jordis, en plural 🙄 No obstante, ellas me perseguían con sus miradas y lanzaban dardos de entusiasmo y energía.


Pues a dos metros de ellas, les devuelvo las miradas, les sonrío y le alzo levemente la mano izquierda como saludo. Y, eso, que ellas, se enaltecen incluso más a mi paso 😳 Un segundo después, cuando me sobrepasan por el costado contrario, cómo dos auténticos torpedos 🚀 un par de corredores a toda pastilla, y que supongo que serían los tales Jordis 🙄


Nada, que hago el giro a la rotonda para comenzar la segunda vuelta, con ese ritmo “Robocop” 👾 y con esos 5 gramos de cara de “tontorroncillo” que se le queda a uno tras el mega adelantamiento de los dos Jordi a mis espaldas 😬


Y precisamente, al doblar la primera curva de derechas, me doblo de nuevo con Jose Maria Lopez Villada, del club C.E. Trail Tarraco, que ya está terminando los 30K 😯 Primero saludo a una desconocida que me está animando por mi costado derecho. “¡Vamos, vamos, qué ahora sí qué lo tienes!” Le grito al compañero del club. Él me contesta algo que no llegué a entender, eso sí, con una sonrisa en su boca. Eso lo entendemos todos. Eso es universal 😁


Voy corriendo por la larga bajada de la calle Riu Segre. Sigo con ese dichoso ritmo 'anestesiado' 😑 A medio paseo, veo a un corredor, joven, que está parado justo en la mitad del paseo y está hablando con un voluntario de carrera. Por los movimientos de brazos, parece que le preguntaba por direcciones. “¡Yep! Esa cara me es familiar” Me digo con firmeza 🤔 Le miro los pies. Lleva zapatillas. Claro, creo que era Yoel Diaz del Caño. No tengo el placer de conocerle en persona, pero estamos conectados en las redes sociales. Es un excelente corredor minimalista y un poco descalcista. Y sé, que estaba en la maratón, como probador de una reconocida firma de zapatillas deportivas. ¡Ups! Parece que algo ha ido mal 😟 Y ahora sé que tuvo problemas de ciática 😥


Continúo descendiendo y empiezo a lanzar miradas al otro lado del paseo, pues creo que Antonio Fontiveros no debe andar demasiado lejos ya en su regreso. Llego de nuevo al cruce de la carretera Nacional 340 y no he visto a Antonio. A quién sí he visto y cada vez más cerca, es a una chica quién me adelantó en el espigón cuando paré a hacer mis necesidades 🧐 Antes de meterme de lleno en la N-340, me paro, ahora ya sí y por fin, una última vez para orinar.


Reemprendo la marcha y a los pocos metros veo que me viene de frente la 'apisonadora', esa locomotora que no pierde pistonada 💪 Sí, se trata de Jesus Angel. Ahora sí que le noto media sonrisa en su facie. “¡Me quedan 2 kilómetros!” Me suelta entonces con casi tres cuartos de sonrisa en la boca. “¡Lo tienes en el bote!” Le argumento devolviéndole una sonrisa, ya que es gratis y que apenas supone un gasto energético innecesario y, aparte, de ser un regenerador fenomenal del espíritu 😄


Bueno, pues eso quiere decir que Antonio debe de estar a puntito de llegar a meta. Será el primer descalcista en cruzar la línea de meta en Tarragona. Y yo que continúo para adelante en ese “modus roboticus” 🤖 qué ni me hace sentir envidia cochina ni envidia sana por mis compañeros descalzos. Tan sólo sé que me quedan 8 kilómetros por delante y sigo con lo que tengo programado en la testa 🤗


Después de unos escasos minutos doy alcance a la corredora que tenía por delante. “¡Ánimos qué ya casi lo tenemos!” Le aliento viendo y observando que realmente porta un ritmo bastante cansino y fatigado. “¿Haces la de 30?” Le pregunto algo intrigado 🙄 ¡Fiu! Me contesta que sí. Y menos mal, porque de hacer la maratón, me aventuro de que serían posiblemente demasiados kilómetros de sufrimiento. “¿Y tú? ¿Haces la maratón?” Me inquiere ella a continuación. “¡No, no. Treinta. Treinta, ya está bien!” Le replico mirándole por mi costado derecho y dejando a media altura mi brazo derecho. “¡Pues te veo muy bien!” Me asegura una vez que la había sobrepasado por completo 😳


¡Qué curioso eso de las impresiones! Pues es un tanto enigmático que sensaciones y mensajes damos a los demás, o, por la contra, lo que las personas perciben de nosotros🤔 En definitiva, que yo iba inerte, sin saber si iba bien o mal. Solamente sabía qué iba, qué me desplazaba con mis piernas, qué iba en movimiento. Le vuelvo a dejar mi brazo derecho a media altura a la corredora como saludo 🤚


Llego al puente y busco la acera que tiene baldosas lisas y confortables para los pies. Los transeúntes que viene en contra dirección, algunos anonadados tras verme los pies desnudos 😲 se apartan de seguida para dejarme el paso libre. Yo le mantengo mi mano alzada en señal de agradecimiento.


Se me ha acabado el puente y vuelvo al mediocre asfalto que me llevará hasta la plaza Imperial Tarraco Ya la huelo. La tengo a la vista. Hay un avituallamiento en dónde me ofrecen geles, plátano y agua 🧐 El botellín de agua lo agarro en un santiamén. Un trocito de plátano lo rechazo. Y también me hago con el gel. ¡Uhm! Miro el gel y no sé por qué no me viene de gusto y me lo guardo. El agua me la llevo a uno de los bolsillos frontales de la mochila. Y ahora sí, en una segunda mesa vuelvo a ver trocitos de plátano y me hago con uno 😋


Y a veinte metros está la icónica plaza de la ciudad de Tarragona. “La vuelta es en la plaza, ¿verdad?” Le inquiero a un señor de mediana edad. “¡No, no, qué es aquí mismo!” Me alerta haciendo aspavientos con uno de sus brazos en la correcta dirección 😳


¡Jolines! Casi que me lo llevo por delante 😅 Y mira que había sitio para realizar el giro. Pero entre que estaba haciendo malabares con la mano izquierda, intentando meter un poquitín más hacia adentro el botellín de agua en el bolsillo portabidones de la mochila, ya que un flask, medio lleno, me impedía la tarea 😕 Y que entre la mano derecha y la boca, estaba pelando el trozo de plátano, y, que de repente tenga que girar 180 grados, y que las plantas de los pies las tenía sensibles, pues casi que me tropiezo con mis propios pies y caigo encima del señor 😂


Sin embargo, el señor, un tanto avispado, me las vio venir y me hizo un pequeño “dribling” consiguiendo sortearme aunque no evitara que le rozara con mi hombro derecho 🤭


“¡Joder! ¿Descalzo y además con lastre?” Me pregunta acto seguido uno de los chicos que está en los avituallamientos. “No. Lastre no, pero llevo de todo en la mochila por si acaso: zapatillas, agua, llaves, pañuelos… “ Le respondo antes de hincarle el diente al plátano 😋


Y, de súbito, escucho un formidable estruendo justo por detrás del muchacho. Giro al momento la cabeza y descubro que es una valla metálica, de la organización de la carrera, situada estratégicamente entre la confluencia de dos calles, que ha sido derribada por una ráfaga de viento 😱 ¡Ups! Parece que el mal tiempo pronosticado ya está aquí. Y en apenas 50 metros más abajo, escucho otro sonoro ruido, no menos estruendoso que el anterior, y que asimismo pertenecía a otra valla “tocada y hundida” por otra ráfaga de aire 😱


Debo decir que me salían chispas de los pies, cada vez que escuchaba ese seco y escandaloso sonido metálico, siendo volcado por tanta furia “invisible” 😰 Temía que un golpe aire inesperado de viento, trepase una de esas vallas sobre mis pies😨


Como, bebo bastante agua y encaro ya, ahora sí, la definitiva vuelta. Con algunas “malvadas” rachas de viento de cara. ¡Buh! Me acordé en esos instantes de nuestros amigos maratonianos descalzos. Tanto José Luis como Alberto no lo iban a pasar demasiado bien con ese temporal de viento y con los kilómetros recorridos y acumulados en las piernas y pies desnudos 😞


Justo antes de cruzar el puente de nuevo, hay un grupito de chicas animadoras. “¡Venga, vamos, enséñanos esa bonita sonrisa que tienes!” Me grita una de ellas a los ‘cuatro vientos’, nunca mejor dicho 😄 Y tardé milésimas de segundo en mostrarles una gran sonrisa. ¡Y qué sencillo qué es sonreír! Lo deberíamos hacer mucho más a menudo 😁


Piso ya la carretera N-340. Por suerte, solamente fui atizado por las ‘malévolas’ rachas de viento un par o tres de veces más. En la cuneta de la carretera, me anima y me sonríe una chica, de mediana edad, y su cara me suena familiar 🤔 Le levanto el pulgar. Me quedo pensando. ¡Claro! Sí, creo que es ella, ya que un día mientras practicaba series de velocidad en la pista de atletismo de la “Anella Mediterrànea”, durante la fase de enfriamiento, me descalcé e hice unos cuantos kilómetros descalzo sobre el tartán rojizo 🤗 “¿Y por qué descalzo?” Pienso que fue ella quién se colocó a mi altura para interesarse. Y yo, más feliz que una perdiz, le expliqué el por qué de mi descalcismo 😊
Estoy acabando el tramo de la Nacional. Me adelantan algunos corredores, unos me animan. Otros no. Al otro lado de la calzada hay una larga hilera de coches 🚗 No sé si es por los semáforos o es debido a otros temas que desconozco.


Desde un turismo, que tenía la ventanilla bajada, la acompañante del conductor, jovencita y guapetona ella, con unos hermosos y radiantes ojos azules, me dice algo que no comprendí en absoluto. Me sonó a ruso, tal vez a rumano, pero no entendí 🙄


100 metros después, escucho el claxon ‘desbocado’ de un todoterreno, de color blanco. Tuerzo mi cuello a la izquierda y, a través del cristal, veo un brazo y un puño en alto, como el de los “emojis” 💪 Su amo me está gritando algo al mismo tiempo que agita levemente el brazo y su cabeza con ímpetu. ¡Bien, bien! Sin duda me está animando. Levanto ésta vez mi pulgar izquierdo 👍


Y comienzo a subir la larga calle Riu Segre, por segunda vez. El temido paseo se me hizo una especie de muro en la media maratón pasada. Si bien, cómo que voy “modus roboticus” 🤖 la verdad es que ésta vez ni me paré a pensar en ello. Sólo me dedicaba a continuar corriendo 🏃‍♂


Me adelantan más corredores. Alguno me recuerda que me quedan apenas 2 kilometrillos. Otros transeúntes y espectadores me animan Yo voy subiendo, a mi ritmo. “¡Venga, José Carlos!” Creo escuchar entrecortadamente por mi costado derecho 🤔 Miro en esa dirección de reojo y veo un torso desnudo 😳 ¡Joer! No lleva nada en la parte de arriba. Se me agrandan los ojos al intuir pechos y pezones al aire 😍 Vuelvo a mirar con más atención si cabe y observo que ese cuerpo pertenece al sexo masculino 😞 Alzo un poco más la mirada y descubro el rostro de Jose Luis, es Human Running, que ya me ha dado caza 😳 teniendo en mente que está haciendo la maratón 💪 Será el primer descalcista en completar la larga distancia. ¡Qué Mákina! 😃 Cómo no, le doy mis ánimos y contemplo con gran interés cómo se va alejando de mí con un fantástico ritmo y técnica de carrera 😍


Acabo la subida y giro en la rotonda para afrontar ya los últimos 300 metros de carrera 🏁 ¡Auch! Me clavo un ‘chinarro asesino’ en mitad del metatarso izquierdo, justo adónde sentía dolorcillos en estas últimas semanas 😨 Me hace levantar la rodilla izquierda al sentir el agudo dolor. Reniego un par de palabras malsonantes. Y, cinco metros más allá, me vuelvo a clavar otro ‘chinarro asesino’ en el mismo pie y en el mismo punto recién adolorido🤦‍♂️ Vuelvo a renegar y no en arameo y sí con algo más de rabia 🤬 ¡Uff! Menos mal que esos pinchazos desaparecen en pocos segundos 🤗


Me acerco a la última rotonda que me presentará la recta de meta. Algunas personas y corredores que ya han acabado la carrera me animan a dar los últimos pasos. Voy levantando manos y pulgares en agradecimiento✋👍


“¡Venga. Vamos campeón, qué ya lo tienes. Muy bien, muy bien!” Me alientan unas chicas con enorme júbilo desde el interior mismo de la rotonda. Y debo decir qué esos clamorosos ánimos me sintieron como una auténtica patada en mitad del estómago, puesto que me hizo abrir los ojos, abrir mis sentidos y mis percepciones sensoriales, musculares, anímicas y psicológicas sobre la carrera que estaba a punto de acabar 😭


En cuestión de segundos, repaso la carrera entera por todo mi cuerpo y mente. Y me surge un repullo desde el mismísimo interior de mis entrañas de dolor y sufrimiento vivido durante la carrera. Me invade la tristeza por todo el cuerpo. Intento buscar las sensaciones buenas y alegres en mi cuerpo. Pero desgraciadamente no encuentro ni una. Mis cavidades oculares entonces se me empiezan a llenar de lágrimas. ¡Joder. Vaya mierda de carrera! En mi vida, deportiva, he sentido nada igual. Sobre todo al finalizar una carrera 😔


Estoy entrando en la recta vallada de línea de meta. Tengo ganas de llorar. Quiero llorar pero no me sale ni una lágrima. A escasos metros, por detrás del cercado, escucho a gente aplaudirme, el ‘speaker’ que está diciendo algo sobre mí, pero todo eso lo siento a miles de kilómetros de distancia. Ahora sí que sólo deseo pasar por el arco de meta y parar el reloj.


Entonces me llegaría la parte más dura de todas. Choco la mano del ‘speaker’. Una de las voluntarias me cuelga la medalla al cuello. Me aproximo a coger agua, un isotónico y un plátano entero. Bebo agua. Empiezo a comerme el plátano. Levanto la mirada y localizo a los amigos descalcistas al final de la barra de avituallamiento.


Se me acerca José Luis en primera instancia a felicitarme. Hago lo mismo con él y con el resto de compañeros. Intercambiamos información. Todos ellos están pletóricos. Les ha ido fenomenal, mucho mejor de lo esperaban. ¡Yujuuu! Me alegro por ellos 💪


Yo, en cambio, me siento un tanto desorientado con mis sentimientos y emociones encontradas. A decir verdad, no sé cómo diantres me encuentro 😞


José Luis y Antonio dicen que va al coche a por no sé qué. Nos quedamos Jesús Ángel y yo esperando además de a ellos, a Alberto Barefoot Bdn, pues es el único que falta por llegar 🤞


Justo acabo de comerme el plátano y me comienza a subir unos síntomas de frío desde el estómago. ¡Uhm! Qué raro, estas sensaciones son totalmente nuevas para mí. Jesus Angel está 'embobado' con el móvil. Yo cada vez siento más y más frío


Necesito moverme, necesito que mi cuerpo entre en calor. Entonces le digo a Jesús que voy a tirar la cáscara del plátano a una papelera qué, por suerte, la veo bastante alejada de nuestra posición.


Vuelvo de mi escueta ruta de ‘plogging’ pero continúo sintiendo el frío por el interior de mi cuerpo. Las rachas de viento empiezan a intensificarse de verdad, la cosa se pone seria y fea 🌬 Empiezan a volar cintas, a caerse alguna valla y hasta caerse una carpa a no demasiados metros de distancia de nosotros. Eso no ayuda a calmar mis sensaciones ni a mi temperatura corporal 🌀


Llegan José Luis y Antonio Fontiveros. Le comento a José Luis que estoy pasando frío y que me voy al coche. Me dice que me espere un poco para hacer la foto solidaria final de soporte al “Síndrome de Kabuki. ¡Claro. Faltaría más! Le respondo. Él me deja su gruesa chaqueta mientras va a reagrupar a la gente 🧥 Ese calorcito me sienta a 'gloria'.


Nos rejuntamos. Le devuelvo la chaqueta a Human Running. Hacemos fotos y algunos de los padres 'afectados' me preguntan qué como me ha ido. “¡Mal. No creo que vaya a volver a correr esta distancia por el momento. No me siento preparado!” Les respondo a algunos de los padres 😔


Ahora sí que me despido de los “Amigos del Descalcismo” 👣 Sigo estando helado y necesito con urgencia cobijarme. Estrechamos manos y sonrisas. Antonio, incluso me comenta ya algo de correr maratones. ¡Uffffff! Quita, quita, estaba yo en ese momento para pensar en una maratón, cuando apenas sentía los pies y piernas 😰
Llegar al coche, que estaba a unos escasos 300 metros, fue una pequeña odisea. Apenas podía levantar los pies del suelo para caminar. No tenía ninguna sensación ni en pies ni piernas. Me dolían horrores las ingles. Y, para postre, la violentas ya rachas de viento está tirando los arcos de llegada 😱 Los organizadores están luchando para poder sujetar tales materiales y que no salgan volando y puedan lastimar a los espectadores. Las vallas que cercan la entrada a meta están siendo vapuleadas por el viento, como si de cartón se tratase, y están cayendo a unos escasos metros de mis pies😨 Le presto atención al vallado, no obstante, en caso de que realmente me fueran a golpear, tampoco tenía ni la fuerza ni la capacidad de esquivarlas.


Voy a cruzar la rotonda y veo a Joseph Natural Runner que está entrando ya a la recta final. Me alegro por él y por los demás corredores de que puedan conseguir finalizar la prueba sin percance alguno 🤞 Echo un ojo más atrás para ver si, por casualidad, se acerca Alberto. Pero no se ve ningún otro corredor por las inmediaciones.


Al cruzar el paso cebra, desde cierta distancia, me despido de algunos componentes del grupo solidario del Kabuki. No le pregunté al chico cómo se llamaba pero me dijo que eran de Reus.


Por fin llego al coche. Abro el maletero. Con cierta dificultad y apresuramiento cojo ropa para abrigarme: el pantalón del chándal, un jersey, unos calcetines de 5 dedos, las huaraches y el batido recuperador casero.


Me adentro al auto. Cierro la puerta. Y, nada más cerrarla, ahora sí que me siento resguardado. El temporal ya lo veo como cosa ajena. Si bien sigo sintiendo frío por todo el cuerpo. Tiro el asiento lo máximo hacia atrás posible para colocarme la ropa sin tener que salir al exterior más. Imposible. Apenas puedo doblar las piernas y la posición del volante tampoco ayuda.


Salgo del coche y me coloco los pantalones y el jersey lo más rápido posible. Lo consigo a duras penas. Sigo muy rígido muscularmente. ¡Uf! Una vez dentro me vuelvo a sentir acobijado y con un poco más de calor corporal. Me espero un poco para recuperar sensaciones. Para ayudarme, enciendo el motor del coche para que acompañe la calefacción. E intento colocarme los calcetines de 5 dedos. Pero no puedo. Desisto 😞 Me conformo, pues a los pocos minutos ya que empiezo a notar que ese cuerpo es el mío y no de otro.


A los minutos, después de dejar de temblar por el frío, ya empiezo a tomarme el batido. Poco a poco, sin prisas. Y no sé cuánto tiempo pasé recuperándome de esa ‘anomalía’ física, que creo que mejor sería decir metabólica. ¡Uhm! ¿Tal vez 15 minutos? ¿Quizá 30? Porqué después de ese tiempo de calorcito del bueno, bueno, se me pasaron todos los dolores musculares, en especial los de las ingles 😃 Y lo comprobé al volver tener que acudir al maletero para recoger las huaraches, puesto que la bolsa que me traje a priori pertenecía a las chanclas de la ducha. Y salí y entré al coche sin problema alguno. ¡Joder! Vaya diferencia 💪


Entonces ya sí que me dispongo a abandonar el recinto de la “Anella Mediterrànea” y volver para casa. Precisamente miro por el retrovisor del coche cuando doy marcha atrás y veo que está llegando otro corredor. Lo veo saltarín. Esa manera de correr me suena. Detengo el coche y vuelvo la cabeza. Y sí, es sin duda Alberto Barefoot Bdn, que está a punto de finalizar su maratón. ¡Pobrecillo! Lo del temporal de viento se lo ha comido todo, todito… ¡  Enhorabuena campeón! 💪
Yo sigo con mi ruta. Deseo llegar a casa. Ducharme y tener y mantener mi calor corporal. A eso, mentar, que tuve que echarme al lado de la carretera un par de veces por ciertos calambres en los pies y piernas. Pero eso ya es más normal. Ya he tenido que lidiar con ello otras veces 😉


Recapitulando, no sé qué me ocurrió. Sé qué, desde que soy minimalista, el cuerpo me ha ido cambiando paulatinamente. Y, en especial y sobre todo, desde que soy descalcista y vegetariano, estoy notando grandes cambios tanto a nivel físico, cómo muscular y metabólicamente hablando. Y pensándolo ahora mismo, creo que todo es parte del proceso y adaptación, o sea, que todo forma parte del camino 🤗 Ahora toca ir ajustando mis pócimas caseras isotónicas y demás mejunjes. ¡Ah! Y entrenar algo más fuerte descalzo 😁


Bueno, pues sólo decir que conseguí acabar los 30 kilómetros descalzo en un tiempo oficial de 3 horas, 21 minutos y 03 segundos. Por cierto, y qué al día siguiente solamente mi cuerpo se quejaba de la común fatiga que supone correr 30K, es decir, algo de agujetas en pies y piernas, y un pelín de hinchadito el tobillo izquierdo. El resto del cuerpo lo tenía en su respectivo sitio. Incluso, me sorprendió gratamente, qué para no ser descalcista puro, las plantas de los pies las tenía bastante enteras. Sintiendo hasta más compactos y fuertes y firmes los pies. En definitiva, que “al mal tiempo, buena cara” 😀😃🙂 ¡Uhm! La mítica distancia de maratón se huele más cerca. Hala, pues, hasta la próxima amigos… 😄💪👍👣


Domingo 27 de enero de 2019